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El candidato de la oposición da el obligado discurso momentos después de haberse expresado en las urnas:

“Como correspondencia en este acto de sana, aunque reñida competencia, he emitido mi voto en favor del candidato conservador, porque sé que él emitirá el suyo para con mi persona. Este acto simbólico va para demostrar que esta no es una disputa personal sino de ideales, y que ambas propuestas son tan válidas una como la otra.”

El candidato de la oposición perdió las elecciones por una diferencia de dos votos.

Toma la palabra el último candidato en dar conclusión, el del PDF:

“Lo que acabamos de ver es a los políticos de siempre: tan absortos en sus particularidades que ni se dan cuenta de sus errores. Ya, señores, ya basta. Basta de darle máscaras al país, como ya lo propusiera el candidato del PSD. Lo único que hacen es superponer y multiplicar capas sobre la problemática de fondo. Los vectores que se deben trazar para la igualdad, déjeme decirles, también nosotros sabemos manejarlos. Tampoco voy con el candidato del PPT. Pareciera que todas son presentaciones estéticas, señor candidato, y no es así. La situación actual amerita más para resolver la intransigencia que simples animaciones hacia la gente, y mucho más que una proyección de nuestras coyunturas. Lo que necesitamos es cohesión, compresión, y aunque en este rubro pareciera que estoy más de acuerdo con el candidato del PNG, por esto de que se acredita como muy transparente, déjenme decirles que no sólo se trata de dejar algo de transparencia, sino de tener buenas resoluciones a la hora de ampliar, y eso parece que no lo tienen los integrantes de ese partido. No señores. Lo que necesita el país es agruparse. Que todos los archivos de esta nación quepan en un solo documento de legitimidad y orgullo, listo para imprimirse indeleblemente en los corazones de todo el pueblo. Lo que necesita el país es compatibilidad, enlaces externos para exportar e importar, conceptualidad y buenas resoluciones. ¡Lo que necesita el país es al PDF!”

En un acto de desesperada violencia, el candidato, que está en el interior de la mampara, frente a la boleta, empuña el manguillo del lapicero y raja, de una tajada eufórica, la palma de su temblorosa mano, extrae un cordón de sangre recién brotada y tacha, con el plasma vivo, el logotipo de su partido y con ello, su postulación, perdida de antemano.

El escrutador, al efectuar el conteo de votos, encuentra la boleta, aún fresca, como prueba única del único voto que recibió el candidato. El escrutador pasa la boleta entre los corresponsales de casilla y los representantes de los partidos competidores, quienes la toman por la parte húmeda, ríen, se limpian perezosamente y la pasan. “¡Un loco!” “Hasta pudo haber sido él mismo”.

Lo que nadie sabía, por supuesto, es que el candidato tenía sida.