ensayos de un ficcionario desterrado

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Compra una cajetilla de cigarros para su jefe y una de condones para su novio. Las envuelve con el mismo papel y les coloca la misma nota: podemos usarlos de noche en las escaleras. Justo antes de enviarlos, confunde los paquetes… a drede.

Quedé de verme con ella a las 10. ¿Dónde estás? Aquí, respondí por la bocina, ¿y tú? Yo estoy acá, no te veo. Que raro… hagamos esto, le dije: toma el siguiente tren y nos encontramos en Sengawa. En el vagón la encontré, pero no era ella porque le pregunté dónde había quedado de verse conmigo. Allá, me respondió. Eres otra, yo quedé de verme con ella a las 10 aquí, no allá. Así que tomé a otra y la llevé a Sengawa donde la dejé al borde del pórtico del vestíbulo de un burdel de travestis, como niño travieso.

Cuando nació, la madre de Mendeliev le decía a sus amigas, orgullosísima de su buena suerte, que el niño había venido con retorta bajo el brazo.

Una respuesta a “ensayos de un ficcionario desterrado

  1. Quedé de verme con ella a las 10. ¿Dónde estás? Aquí, respondí por la bocina, ¿y tú? Yo estoy acá, no te veo. Que raro… hagamos esto, le dije: toma el siguiente tren y nos encontramos en Sengawa. En el vagón la encontré, pero no era ella porque le pregunté dónde había quedado de verse conmigo. Allá, me respondió. Eres otra, yo quedé de verme con ella a las 10 aquí, no allá. Así que tomé a otra y la llevé a Sengawa donde la dejé al borde del pórtico del vestíbulo de un burdel de travestis, como niño travieso.

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