el náufrago


Dios te llamará cuando más lo necesites.

El náufrago ya se iba a morir. Ya. De un cruento momento o otro. Tendido sobre la arena, los ojos no la alcazaban para cubrir todo el cielo, pero podía ver azul, nubes y gaviotas revoletando. Unos cuervos. Ese se va a comer mi páncreas, pensó. Aunque ni sé qué es un páncreas, pensó luego. Cuando de pronto, así cuando la muerte ya le zumbaba, lo lamía, una concha lo golpeó en la cabeza como si hubiera sido lanzada para un coreback. El reflejo siempre es llevar la concha al oído, y así lo hizo el náufrago, y a su sorprendida sorpresa, empezó a oír una voz. Y luego la oyó más, y más. Era Dios. Hijo mío, decía, hijo mío… ¿se me oye? ¿hay señal? ¿sí? Bien. Hijo mío, antes de morir quiero que sepas el por qué de la existencia y que me acompañes en el cielo por el resto de la eternidad. La gloria será tuya y el perdón a todos tus pecados se te concederá y vivirás rodeado de dicha y armonía. Lo único que tienes que hacer, la única cosa que tienes que saber es que… Estimado usuario, para continuar la llamada, introduzca una ficha con su distribuidor autorizado. Gracias.

Lo que nadie te dice es que Dios hace llamadas por cobrar.

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