el tortero

Era mi tortero y ni verlo morir pude. Ahí estaba yo, frente a su cuerpo inerte tendido sobre el piso de madera. Al rededor de él, locura: mapas viejos pegados en las paredes, rayoneados con nombres de ingredientes y fórmulas matemáticas, así como cientos de libros y cuadernos con las mismas inscripciones. Era mi tortero. Todo había iniciado hace años cuando los primeros tacos al pastor empezaron a comerle el mercado, irónicamente. Él no hizo nada, ni siquiera cuando aparecieron los tacos de canasta. Fue hasta que la torta de tamal lo dejó sin clientes. Supo entonces que tenía que hacer una creación magnífica para resurgir. Viajó por el mundo y había vuelto para terminar su tarea. Y ahí estaba su cuerpo. Y su mano extendida, en expresión de triunfo, escondía en su interior un papelillo en donde estaban anotados, intactos e irrepetibles, los ingredientes de la torta cubana. Era mi tortero.

Texto ganador de escribeelultimolibro.com. Kax.

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