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el sol entra por la ventana

tres de sol.

El sol entraba por las dos ventanas del ático. ¿Pero para qué dos ventanas? Se preguntó el hombre práctico. Así que tomó una ventana y la colocó en el sótano, donde ahora ilumina convenientemente.
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Le gustaba despertarse temprano todas las mañanas, abrir las ventanas de par en par, descorrer las cortinas y dejar que el sol entrara a su casa, hasta que un día el sol entró y se robó su chequera, unos pantalones y dos botellas de vino.
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Descorrió las visagras para que el sol entrara por la ventana, pero el sol muy educado dio la vuelta a la casa, se paró en el pórtico y tocó el timbre.

miércoles – 11:49

Me tomó entre sus manos. No sé si antes ya me había dicho cosas lindas. Me miró fijamente y poco a poco, lentamente, me dejó sin nada encima. No sé si antes habría pensado en mí. Acercó sus labios a mi cuerpo y el primer contacto calentó mi exterior al tiempo ritmo que enfriaba el suyo. No supe nunca si quiso que así termináramos. Desenrolló su lengua y hábilmente, sabiéndose conocedora de los mimos labiales, me recorrió con su saliva de arriba abajo y por cada lado. Sentí que me hacía pequeño, nada, y desaparecer. El calor me invadía y el descubierto me hizo sentir el final. Terminé, pues, ahí, sin llegar a la satisfacción total. De mí, apenas quedó algo de madera, y en ella, el convencimiento de que había disfrutado de un paleta de limón. No volví a saber nada.

12:00

la raja

Urrutia tiene el examen en blanco, igual que su cabeza. Por la presión, se ha sentado encorvado y la playera no le alcanza a cubrir la espalda baja. La posición en la que se encuentra su pierna, en compensación, hace que su pantalón se recorra hacia abajo, dejando así asomar un centímetro del elástico de su calzón, y luego, la raja que parte sus nalgas simétricamente. Es un espectáculo visceral. Pero Urrutia no se da cuenta. Su alma está volcada sobre el examen, cuyos incisos están vacíos. Urrutia recapacita tarde que hubiera sido mejor estudiar a ver el especial de los Simpson.

Atrás de Urrutia se sientan Felguérez y Figueroa, que son amigos inseparables. El primero ha terminado el examen. “Menos de nueve es que el maestro es pendejo”, piensa Felguérez. Su examen es de siete punto cinco, bastante aceptable. Deja entonces el lápiz sobre el mesabanco y se dispone a entregar el examen, cuando su mirada oportuna se asombra de encontrar, asomándose del asiento de enfrente, entre el medio respaldo vacío, la raja de Urrutia. Treinta albures chocan frenéticamente en la mente de Felguérez y tiene que taparse la boca para no reírse.

Decide nomás picarle la cola con una pluma, pero entonces se acuerda de que existe Figueroa, así que lo pica a él en el hombro para mostrarle el hallazgo. Figueroa le mueve la mano como espantando moscas. Está concentrado, le falta solamente una pregunta.  “Si esta respuesta es buena, el examen es de ocho y no me voy a extraordinario”. Su examen es de seis. En estas meditaciones está cuando de reojo, y sin poder ignorar los piquetes de Felguérez, voltea y ve la raja y también tiene que cubrirse la boca para no reírse y llamar la atención de Archundia, el maestro, que hasta entonces ha estado leyendo. Se susurran. Felguérez hace señas de querer picarlo con el lápiz, pero Figueroa lo detiene para sacar algo de su bolsillo: una moneda de un peso. Se la da a Felguérez, y esta vez Figueroa hace señas de estar echando cambio en una alcancía. Felguérez entiende, ríe en silencio y comienza con sus dedos una cuenta regresiva: 3, 2, 1, ¡zas! Cae la moneda rumbo al ano de Urritia.

-¡Órale, cabrones! ¡Métansela a su abuela!- grita Urrutia.

Felguérez y Figueroa se cagan, casi literalmente, de risa. El salón se sobresalta. Archundia da un brinquito y ordena que los tres salgan del salón. Tiene una lógica de hierro.

-¡A ver, jóvenes: o me explican lo que pasó o se van con suspensión los tres!

Urrutia habla. Felguérez y Figueroa siguen soltando risas arrítmicas.

-Yo estaba sentado, profe, y de repente Felguérez o Figueroa, no sé, me metieron una moneda al calzón -los amigos se ríen-, y pues les grité porque me enojé mucho, profe.

-¿Es cierto eso jóvenes? ¿Eh, jóvenes? ¡Jóvenes! ¡Dejen de reírse! ¿No ven que es una falta de respeto gravísima a su compañero? ¡Jóvenes! ¡Muy bien, se van a la dirección por una suspensión y con examen reprobado!

Archundia escoltó a Felguérez y a Figueroa a la dirección y dejó que Urrutia se metiera a terminar el examen. Urrutia aprovechó la coyuntura para empezarlo, copiar las respuestas de sus compañeros y sacar así un nueve punto cinco.

Felguérez y Figueroa fueron sentenciados a una suspensión y se les retiró el derecho al examen semestral “por falta de respeto y valores morales hacia sus compañeros”. En su expediente consta que ambos “siguieron riendo hasta que se les hizo firmar el acta de suspensión”. Tuvieron que irse a extraordinario y, como era de esperarse, reprobaron. Fueron expulsados del tercer semestre y aunque intentaron reingresar a otra escuela de bachilleres, no lo consiguieron. Llegaron así a los veinte años. Cuando tuvieron que buscar trabajo, el único que encontraron fue de barrenderos. Eso sí, siguieron siendo siempre mejores amigos.

A Urrutia, en cambio, le pasaron cosas diferentes. El examen apócrifo le sirvió para superar heroicamente el semestre. Los siguientes semestres, como habían eliminado matemáticas del plan de estudios, no tuvo problemas con ninguna materia y pasó el bachillerato como Juan por su casa. Ingresó en una universidad pública modesta y al titularse de abogadaso entró a la carrera política, juntó buenas influencias y tuvo un ascenso meteórico. Ahora es subjefe en una secretaría de Estado. Cobra cheques de cinco cifras, que por supuesto no sabe leer, menos escribir.

En la actualidad, a Felguérez y Figueroa se les ha asignado la plaza del jardín Colorado. Todas las mañanas barren, de siete a nueve, y por las tardes, de cinco a siete. Cuando terminan su turno, van con don Jacinto, el de las tortas, y piden dos de milanesa para llevar, van y se sientan enfrente del banco que queda en la esquina de Dosangides y Terrasco, y cuentan chistes mientras almuerzan. A veces alguno de los dos recuerda el episodio de Urrutia, y entonces se ríen, y luego uno de los dos dice:

-¡Imagínate si le hubiéramos metido un billete!

Y se ríen más. La gente, cuando pasa junto a ellos y los ve sentados comiendo tortas, suele comentar:

-¡Míralos nomás! ¡De barrenderos y tan felices!

Sin embargo, a veces entre Felguérez y Figueroa nomás juntan morralla; no hay para torta, así que se ponen a jugar rayuela con monedas de un peso. Felguérez siempre gana.

dame un toque

Dame un toque. Stalkeame. Dame scroll-dawn. Etiquétame y luego desetiquétame, lentamente, por todas partes. Juega con mis aplicaciones y hazme todas las preguntas que quieras. Pero no me compartas. Esto no es por tener una relacion. Esto es porque Me gustas.

memoria

-Se lo pregunto por última vez: ¿Qué le dijo a los rusos? ¡Qué maldita información les dio!-
-¡Ninguna señor! -solloza el hombre- ¡Los rusos no me capturaron! ¡Se lo repito, se lo juro por lo que usted quiera!
-¡Ay! ¡Cómo puede ser!– El detective está furioso, así que respira, tratando de calmarse mientras se soba los puños- Comprenda que tenemos los expedientes, las pruebas, los análisis. Sabemos que lo capturaron, pero lo que ahora queremos saber es lo que les dijo a los rusos. ¡Vamos, dígamelo ahora o morirá aquí mismo!
-¡Pero no sé nada! – grita desesperado el acusado- ¡si supiera se los diría sin dudarlo, pero no sé nada porque no recuerdo nada!-
-¡Ajá!- exclama el oficial mientras apunta con la lámpara al acusado- ¡Entonces no dice nada porque no lo recuerda, claro! ¡Los rusos lo capturaron, le sacaron la información y le borraron la memoria!-
-¡No señor! –argumenta el acusado mientras intenta apartarse del foco- ¡Así tampoco fue!-
-¿Y cómo está tan seguro?- inquiere el oficial al tiempo que acerca la lámpara tan cerca del acusado que puede ver cómo la incandescencia de la luz quema sus cejas- ¿Cómo sabe que los rusos no le borraron la memoria?
-¡Porque si me hubieran borrado la memoria, lo recordaría!-

el náufrago


Dios te llamará cuando más lo necesites.

El náufrago ya se iba a morir. Ya. De un cruento momento o otro. Tendido sobre la arena, los ojos no la alcazaban para cubrir todo el cielo, pero podía ver azul, nubes y gaviotas revoletando. Unos cuervos. Ese se va a comer mi páncreas, pensó. Aunque ni sé qué es un páncreas, pensó luego. Cuando de pronto, así cuando la muerte ya le zumbaba, lo lamía, una concha lo golpeó en la cabeza como si hubiera sido lanzada para un coreback. El reflejo siempre es llevar la concha al oído, y así lo hizo el náufrago, y a su sorprendida sorpresa, empezó a oír una voz. Y luego la oyó más, y más. Era Dios. Hijo mío, decía, hijo mío… ¿se me oye? ¿hay señal? ¿sí? Bien. Hijo mío, antes de morir quiero que sepas el por qué de la existencia y que me acompañes en el cielo por el resto de la eternidad. La gloria será tuya y el perdón a todos tus pecados se te concederá y vivirás rodeado de dicha y armonía. Lo único que tienes que hacer, la única cosa que tienes que saber es que… Estimado usuario, para continuar la llamada, introduzca una ficha con su distribuidor autorizado. Gracias.

Lo que nadie te dice es que Dios hace llamadas por cobrar.

v de vergüenza

vergüenza

Soy todo y soy nada. Soy tú. Soy momentos. Esos en que fallas. Soy risas que otorgas cuando callas. Soy esas penas. El día en que vomitaste en la feria. Soy el calzón que perdiste en la piscina. Soy dolor. Dolor de cuando resbalaste en las escaleras. Soy el pánico de cuando no sabes la respuesta del profe. Soy tu examen reprobado con cero punto cero. Soy amnesia que no se olvida. Soy el beso de tu abuelita frente a tus amigos. Soy el chiste malo de tu padre. Soy amigo y enemigo. El que te vio sacándote un moco. Soy un salón burlándose del pedo que te echaste. Soy un piropo mal decido, un chiste sin chiste, un buuu. Un daaa. Soy esos momentos íntimos. Cuando te batearon. Soy la patética súplica para que no te corte tu novia. Soy un cusi poema de amor, diabético. Soy el cuchicheo detrás de un chisme tuyo. Soy cizaña. Soy el momento en que te quitaron el lugar de la fila y el asiento del camión. Soy el instante cuando dijeron que escogieran pareja y nadie te eligió. Soy la fiesta a la que no te invitaron y la que no te dejaron ir. Soy hostilidad. Soy un barro en tu frente. Un grano en tu nariz. Tu feo corte de cabello. Soy la foto que no quieres que suban a internet. También soy la que no subieron pero que sí enseñaron a tus amigos. Soy el llanto de tu primer día de primaria y un poco del último. Y soy asco y soledad. Tus fantasías más oscuras con tus compañeras. Con tus compañeros. La maestra que deseas. Y tus odios y rencores. Tus ansias. Tus manías y todo lo que un día será anécdota. Tus recuerdos.

Soy tú, aunque de ello te avergüences.

el tortero

Era mi tortero y ni verlo morir pude. Ahí estaba yo, frente a su cuerpo inerte tendido sobre el piso de madera. Al rededor de él, locura: mapas viejos pegados en las paredes, rayoneados con nombres de ingredientes y fórmulas matemáticas, así como cientos de libros y cuadernos con las mismas inscripciones. Era mi tortero. Todo había iniciado hace años cuando los primeros tacos al pastor empezaron a comerle el mercado, irónicamente. Él no hizo nada, ni siquiera cuando aparecieron los tacos de canasta. Fue hasta que la torta de tamal lo dejó sin clientes. Supo entonces que tenía que hacer una creación magnífica para resurgir. Viajó por el mundo y había vuelto para terminar su tarea. Y ahí estaba su cuerpo. Y su mano extendida, en expresión de triunfo, escondía en su interior un papelillo en donde estaban anotados, intactos e irrepetibles, los ingredientes de la torta cubana. Era mi tortero.

Texto ganador de escribeelultimolibro.com. Kax.

:’( – cuento corto

Ayer salí con mi novia.exe que conocí en www.facebook.com. Le había enviado una invitación a un evento, y ella confirmó asistencia, así que fuimos y ahí chateamos, nos tomamos una cerveza.jpg y luego nos dimos muchos (K). Cuando fue la hora del fin del evento, ella me dijo que deseaba </terminar-la-relación> y cambiar su estado a soltera, así que ahora sólo somos amigos. Sinceramente, me rompió el <3.